jueves, 30 de julio de 2015

Desván

Mapamundo de Delisle (versión de 1707)
Un día limpiando uno de mis múltiples desvanes encontré un mapa. El mapa colgaba de una esquina. Marrón, blanco y crema... Parecía un mapa de la prehistoria, de la época prehistórica a la que pertenecía mi abuelo. Picada por la curiosidad me aproximé y lo contemplé como un romántico contempla un paisaje oscurecido y abandonado. El mapa, viejo y desgastado, dejaba ver todo tipo de coordenadas y unos pequeños círculos que habían sido trazados en el centro sobre pequeños puntitos. Eran tan pequeñitos que ni siquiera pegando mi nariz contra él eran perceptibles para mí. Así que busqué desesperadamente una lupa muy potente. Al parecer no existía. Ni siquiera los más prestigiosos científicos pudieron construirla. Pero la suerte estaba de mi lado y un día en el desván de mi abuelo la encontré. La curiosidad me sorprendió y no tardé en posar aquel útil instrumento sobre el misterioso mapa. ¡Qué decepción! Lo que vi no me sorprendió en absoluto. La lupa dejaba ver cómo los puntitos eran en realidad pequeños círculos que contenían a su vez pequeños puntitos en el centro hasta que finalmente, bajo mil capas de pequeños círculos y puntitos, se pudo distinguir un mapa minúsculo que era examinado por una persona.

Texto: Silvia Serret Lanchares

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