jueves, 23 de julio de 2015

Cuadro

Maravilloso. Esa fue la palabra que me acudió a la mente cuando amanecí en un día soleado de agosto. Las hojas de los árboles reposaban en mi colorida calle. Tonos cobrizos se extendían hasta alcanzar la calle por la que pasaban los coches con aires de tranquilidad. “No está mal... Nada mal”, pensé, mientras un muchacho de ojos grises y mechón verde que le cubría el entrecejo me clavaba la mirada.



Mi paseo matutino me despejó la mente hasta que alcancé la calle por donde una manada de personas se cobijaban debajo de unos toldos verdes, marrones, grisáceos, azulados, negruzcos y violetas... Los toldos presentaban una variadísima concentración de colores que oscilaban entre la marabunta de caras de distintas formas, ángulos y tonos de piel que iban en busca de comida en el pequeño mercadillo de la esquina... Mesas con panecitos humeantes, bollería, verdura y pasteles de los colores más vivos adornaban la calle como hiciera una roja guinda en el último nivel de un gigantesco pastel nupcial... El pincel se posó en el lienzo... ahí estaba el pastel nupcial con su roja guinda y en la vieja radio seguía sonando una canción...

Texto e ilustración: Silvia Serret Lanchares

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