jueves, 25 de agosto de 2016

Estado de las cosas y reseña de Pastel de pera con lavanda

Ciertamente, hace mucho tiempo que no me paso por aquí y dejo unas líneas. A veces lo pienso y siento algo parecido a la culpabilidad y digo "cuando encuentre el momento..." y ese momento nunca llega.... no, nunca llega hasta el día de hoy, un día aparentemente normal, pero muy cargado de significado. Y es que los días normales, sin grandes acontecimientos, sin grandes pretensiones, a veces pueden marcar un antes y un después. 

Sinceramente, no creo que a nadie le importe demasiado lo que escribo por aquí, ni tampoco creo que nadie se vaya a preguntar por qué he pasado tanto tiempo sin actualizar este blog, y mucho menos que eso le inquiete por las noches. Por el momento, no me considero tan importante. Ahora bien, si por algún extraño designio del destino los planetas se alinean, los burros aprenden por fin a volar, los políticos se ponen de acuerdo para que haya gobierno, los sapos comienzan a bailar flamenco y alguien se pregunta por qué no actualizo mi blog, he aquí mi explicación. No he escrito nada debido a unos factores nada rebuscados ni sorprendentes: la falta de tiempo, el estrés vacacional y, el más importante, la pereza. Sí, cuando hace calor me convierto en una persona muuuuuuuy perezosa.

El verano ha pasado volando, como un águila sobrevolando un desierto (bonita metáfora, ¿eh?). He viajado mucho, he dormido mucho y he tomado mucho el sol -quizás demasiado-. He escrito y retocado alguna que otra cosilla de Crónicas de una bruja universitaria 2. Lamento decir que aún no hay fecha de publicación, aunque espero que sea durante el año 2017. Y, por otro lado, presenté mi novela Crónicas de una bruja universitaria en la librería vinarocense Espai Mariola Nos. Sin duda, fue una experiencia muy grata y divertida. (Mañana haré otro post, para cargar todas las fotos del evento). Aquí está el enlace de la librería Espai Mariola Nos.




El verano ya está dando su fin... y no lo digo con pena, pues nunca he sido una persona muy estival, sino más bien otoñal. Me encanta el color granate, el mostaza y el marrón... colores que, sin duda, se asocian al otoño. Además, me parece precioso cuando se caen las hojas de los árboles y los parques se tiñen de tonos amarillos y marrones (sí, lo sé, esto último ha sonado muy cursi). Se avecina un mes para emprender nuevos proyectos, para focalizarse en las cosas que verdaderamente importan y dejar a un lado las que no, ahí aparcaditas... Ya falta nada para mi cumpleaños (en unos días seré considerada un año más vieja). 

Y mi agenda dejará de estar medio vacía y llenaré sus páginas con clubes de lectura, movidas de swing, presentaciones, charlas (tanto literarias como lingüísticas), congresos, escapadas (quizás alguna que otra a Azerbaijan), subiré alguna que otra cosilla a mi otro blog de ELE (www.rincondelbachiller.com). Avanzaré en mis estudios de doctorado, trataré de darle los últimos toques a Crónicas 2, escribiré alguna reseña y algún paper y, si las musas me llaman, algún cuento.

No voy a hacer ninguna promesa que no vaya a cumplir -pues cada vez que me comprometo a algo o pongo a Dios por testigo de que voy a hacer algo no lo cumplo-, sino que voy a tratar de hacerlo todo en la medida de lo posible.

*** AQUÍ ACABÓ EL PRÓLOGO ***

RESEÑA PASTEL DE PERA CON LAVANDA



Para comenzar, hoy voy a escribir una pequeña reseña de una película que he ido a ver al cine, una película francesa llamada Pastel de pera con lavanda. Hacía ya bastante tiempo que no pisaba un cine, la última vez que lo hice fue para ver otra película europea, Si Dios quiere (sin lugar a dudas, una propuesta interesante, aunque a mi parecer tenía sus fallitos por lo que respecta al ritmo) y anteriormente la última apuesta de Almodóvar, Julieta (un bodrio infumable). Esta vez, le he dado una oportunidad al cine francés y me he permitido el lujo de ir a verla al cine. 

Sinceramente, esta película no era mi primera opción. Hacía un tiempo que me tentaba la idea de ver Mi panadería en Brooklyn, pero de tanto pensármelo y de hacerme de rogar, el tren pasó y tuve que contentarme con este cuento de hadas francés, que dista mucho de ser perfecto... Pero, bueno, no avancemos.

No voy a entretenerme con la ficha técnica ni nimiedades de este tipo. Iré al grano. Esta película, que dice ser una comedia romántica, no me ha parecido para nada cómica, como romántica tiene un pase, pero cómica, en mi opinión, no. 



¡¡¡AVISO DE SPOILER!!!

A grandes rasgos, la sinopsis es la siguiente: Una mujer con cara de pocos amigos, viuda, endeudada con el banco y que trabaja como agricultora (tiene una plantación de perales deficitarios), atropella por accidente a un tipo que siempre lleva traje y maletín y que habla constantemente de números primos. El espectador no tarda en entender que el tipo del traje tiene cierto grado de asperger y que además de trabajar como librero y tener una sensibilidad bestial para las letras y las ciencias, es hacker informático. Obviamente, el hacker en cuestión queda prendado de la viuda y, como un ángel salvador, la ayuda y le soluciona la vida. Ciertamente, este chico lo tiene todo, es sincero, atento, servicial, inteligente y, si quisiera, podría robar un banco con total impunidad. Se convierte en agricultor, hace los deberes de los hijos de la protagonista, le regala 37 ramos de flores y hace el pino puente con voltereta para conseguir el amor de la agricultora, quien ya tiene a otro pretendiente -un agricultor vecino, amigo de su difunto marido, que insiste en comprar la tierra y destruir los preciados perales-.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que en los créditos de la película se dice que es Un cuento de hadas real. Ciertamente, un cuento de hadas sí que lo parece, pero real, no demasiado. En mi opinión, esta película peca de exceso de ingenuidad. En esta película la maldad no tiene lugar, todo el mundo tiene buenas intenciones. El conflicto en realidad, no existe. En ningún momento, pinta demasiado grave como para preocupar al espectador. Por otro lado, suceden situaciones que para mí, son bastante inverosímiles. Por ejemplo, el día en que la protagonista atropella al hacker (solamente se ha hecho un cortecito en la frente), lo lleva a su casa para curarlo y lo deja pasar la noche en el sofá (hasta aquí podría tener un pase). No obstante, mientras están todos durmiendo, el hacker se pone a husmear por todas partes, a apagar y encender las luces a lo Glenn Close en Atracción fatal y a ordenar las habitaciones a lo Sheldon Cooper. Más tarde, cuando despiertan todos, ni siquiera muestran sorpresa, ni enfado, ni ningún sentimiento. No hacen más que sonreír diciendo algo así como "¡Qué bien! Nos ha limpiado la casa". Estoy segura de que el 99% de los mortales no hubieran reaccionado de este modo ante semejante intromisión de un desconocido.

¡¡¡FIN DEL SPOILER!!!

Por una parte, el problema más grave es la falta de ritmo. Esta película, que apenas dura una hora y cuarenta minutos, se me hizo bastante larga, en parte, debido a la falta de diálogo. A ratos parece un reportaje de una casa rural para atraer turismo o un documental sobre la vegetación en la Provenza. En mi opinión, se entretiene demasiado en mostrarnos el paisaje en el que vive la protagonista, y eso ralentiza el ritmo de la cinta.

Por otra parte, lo mejor es la historia de amor. Aunque me cueste admitirlo, en el fondo soy una sensiblera e, inevitablemente, al final de la película se me han escapado unas cuantas lágrimillas. No todo ha sido malo. Han habido momentos en que ha logrado conmoverme.

En conclusión, si eres de aquellas personas románticas que disfruta husmeando en las tiendas L'Occitane, estoy segura de que disfrutarás mucho de esta película (no, L'Occitane no me ha pagado por decir esto).

¡Hasta la próxima!

PD: La próxima película que reseñaré será Café Society de Woody Allen.

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